De gran singularidad son los documentos en los que nos encontramos con esclavos para el servicio de las familias hacendadas de Arjonilla en la Edad Moderna, sobre todo ante nuestra mentalidad actual que se muestra sensiblemente contraria a la práctica de la esclavitud, si bien ésta se continuó hasta bien entrado el siglo XIX.
Como actividad comercial, la compra-venta de esclavos quedaba reflejada ante el notario público, y por tanto nos han llegado algunas muestras de esclavitud en Arjonilla a través del archivo de protocolos que se conservan en el Archivo Histórico Provincial.
En 1586, Juan de Porcuna, vecino de Arjonilla vendía a su esclavo de 25 años, de nombre Juan, libre de toda carga, por 60 reales. Unos años más tarde, en 1594, Isabel de Cazalilla, vecina de Arjonilla compra un esclavo atezado aquejado de enfermedad, ya que del caño de sus vergüenzas le mana agua y sangre.
También se producía el proceso inverso, concediendo la libertad a los esclavos, como ocurrió en 1614, cuando Magdalena Suárez concedió la libertad a su esclavo, de 31 años, de nombre Lorenzo, de color Membrillo cocho. En este mismo año, Benito de Morales Porcuna, regidor de la Villa de Arjonilla, concedía un poder notarial a Baltasar de Salazar, vecino de la ciudad de Málaga, para que comprara una esclava berberisca por precio de ochocientos reales.





